Mis textos reúnen pensamientos, conversaciones, lecturas y los escritos de mis clases, pero también las voces secretas de los niños con su acción vertiginosa, fragmentaria e incierta.
Son ensayos de mi “pensamiento en acción” o pensar del cuerpo que, siguiendo a Nietzsche y su concepción del cuerpo como Selbst o “gran razón”, hace de la “pequeña razón” totalizante su instrumento.
Su horizonte es la infancia como movimiento verdadero, donde reina la disponibilidad, el cambio y lo impredecible del presente al que los niños se deben sin reaseguros ni fines que justifiquen el juego y la experiencia.
Pensar y vivir desde la perspectiva de la infancia significa para mí cumplir con la transformación que multiplica las posibilidades, lo que implica hoy la tarea de habilitar a los niños el no saber, el derroche de tiempo, del juego y el olvido de sí, esta infancia en riesgo de los precoces consumidores a cuya inmediatez la demanda del mercado impone valores, reglas al deseo y a la vulnerabilidad.